La evolución es descubrir a Dios en nuestra realidad interna y externa
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Crome
Comunicación
recibida el 17/02/2026 (extracto textual de la sesión completa)
Buenas
tardes, querida familia, que la unión fraternal que mantenemos en estas
reuniones nos ayude a todos a fortaleceros y avanzar en unión en el camino que
marca Dios para toda su Creación.
Estamos
aquí para intentar apoyaros con nuestras pobres capacidades, pero tomamos la
intención, firme y decidida, de intentar aportar lo mejor que nos sea posible
dentro de las necesidades que podáis tener.
Debéis
comprender que, en todos los niveles de la evolución, solamente se puede
comprender hasta el nivel que se ha alcanzado. Por encima de ese nivel, todos
son conjeturas, y esas conjeturas son las que permiten desarrollar la
investigación que nos permite acceder a niveles más elevados de la verdad
universal, una verdad que es infinita, porque Dios es verdad. Dios es la
verdad.
Y
todo lo que vamos evolucionando en comprensión de la verdad no es otra cosa que
la comprensión de Dios, de su manifestación, de la forma en la que se relaciona
con su Creación, con nosotros y en nosotros, porque Dios lo impregna todo, y la
parte, la chispa de Dios que habita en cada uno de los seres de la Creación, es
la que nos está impulsando permanentemente hacia la autosuperación, hacia la
elevación en cualidades, virtudes, capacidades. Por tanto, cuando tengáis esa
sensación, ese sentimiento de intentar perfeccionaros, estáis percibiendo a
Dios en vosotros; cuando estáis sintiendo cualquier valor relacionado con el
amor, estáis sintiendo a Dios manifestado en vosotros. Y esto es un motivo de
alegría.
Pero,
del mismo modo, cuando sentimos los valores contrarios, cuando se manifiesta en
nosotros el egoísmo, cuando existe sufrimiento, resistencia a todo lo que
ocurre, estamos observando, tenemos la capacidad de observar, que hay una parte
de Dios que todavía no se puede manifestar en nosotros porque no somos
merecedores de ella, porque tenemos que evolucionar, tenemos que ganar el
mérito de permitir que esa capa de Divinidad se manifieste en nuestra realidad.
Porque Dios es absoluto, y la chispa de Dios que nos habita es absoluta, pero
solo se manifiesta siguiendo ese libre albedrío que nos permite una evolución
consciente, voluntaria y decidida, que es la esencia de la felicidad, porque si
no tuviésemos mérito en todas nuestras realidades, en todas nuestras
cualidades, si no hubiese mérito por el que hemos logrado las capacidades que
hemos alcanzado, nunca jamás podríamos valorarlas y nunca habría satisfacción
por haber logrado el reto.
No
es lo mismo escalar una montaña que subir al pico a través de un sistema, como
un teleférico. El esfuerzo es diferente, pero el mérito también es diferente. Y
Dios ha querido otorgarnos nuestra capacidad de desarrollar el mérito, nuestra
capacidad de desarrollar el esfuerzo para alcanzar cada una de las cualidades.
Eso es lo que esencialmente permite que se manifieste la felicidad de un modo
claro y consciente en nuestra realidad, como seres libres, como seres con
capacidad de decisión.
En
la alegoría de Adán y Eva, cuando eran simples e ignorantes y fueron tentados
en el error, Dios les preguntó, pero no les preguntó con ira, sino que les
preguntó con el amor que crece dentro de nosotros. Y empezaron las
justificaciones: «Yo comí porque me invitaron a ello», «Yo comí porque me
sedujo la serpiente». Esas justificaciones, que son las formas de ignorancia
con las que intentamos defender nuestros errores, necesitan de un proceso de
consciencia, de tomar las riendas de nuestra vida, de transformarnos a través
del aprendizaje que, en muchos casos, se basa en la meditación, en el proceso
de los pensamientos que nos permiten analizar las situaciones, nuestros hechos
y nuestras reacciones, y nos permiten comprender los errores cometidos, las
vías para poder solucionar los problemas generados, y los comportamientos
futuros que eviten errores similares.
Y
todo ello genera un aprendizaje que le llamamos experiencia y que nos permite
acercarnos, paso a paso, experiencia a experiencia, a la verdad, al
conocimiento de la verdad, que es el conocimiento de Dios.
Y
según se va manifestando ese conocimiento en nosotros, se va descubriendo esa
parte de Dios que nos habita, y vamos eliminando, poco a poco, fragmentos de
esa ignorancia que dificulta, que impide, la manifestación de Dios en nosotros.
Pero entended que Dios no sufre por ello; Dios ha creado todo, y ha creado esa
capa de ignorancia, y gracias a esa capa de ignorancia tenemos la posibilidad
de poder ir rompiéndola, como un polluelo rompe la cáscara del huevo donde se
encuentra. Y una vez que ha salido libre, su vida se transforma, su vida
cambia, y del mismo modo nos ocurre a los seres humanos, cuando vamos rompiendo
la cáscara de la ignorancia.
La
expresión de Dios en nosotros se va manifestando, y con ello la felicidad, y en
este paseo que se llama experiencia vital, tanto encarnada como desencarnada,
vamos transformando nuestra realidad porque vamos aprendiendo, comprendiendo lo
que es la verdad, y esa verdad nos hace libres, como decía el maestro Jesús, y
nos llena de dicha, pero también nos llena de poder, porque nos da la
posibilidad de poder dirigir nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y
nuestros comportamientos en la dirección que marca nuestra voluntad consciente,
una voluntad consciente que, según va adquiriendo sabiduría, va tomando
decisiones cada vez más correctas, y eso no significa eliminar nuestra voluntad
en beneficio de la voluntad de Dios, sino aceptar que la sabiduría infinita de
Dios es el camino al que deseamos, voluntaria y conscientemente, unirnos, que
nos hacemos uno con él y él se hace uno con nosotros.
Y
del mismo modo que si tenemos un buen maestro, seguimos sus consejos, pero lo
hacemos de forma totalmente libre e independiente, hemos hecho suyos sus
consejos y ahora esos consejos también son nuestros, y nosotros nos expresamos
a través de ellos. Dios, que es el supremo maestro, que nos enseña la realidad
de lo infinito, tiene la misma función en nuestros procesos de comprensión, de
comportamiento y de experiencia.
Sentid,
por tanto, que Dios se está manifestando en cada uno de nosotros, y las
personas que están mostrando de un modo mucho más dificultoso las cualidades de
Dios en sí mismas, entended que son como polluelos que han abierto muy poquito
trozo de la cáscara que los aprisiona y que necesitan liberarse para poder
sentir mayores niveles de paz y felicidad.
Y
de ahí podéis comprender la compasión que se puede sentir hacia las personas
que se comportan de un modo arisco, agresivo, inoportuno. Y podréis dar sentido
al mensaje del maestro Jesús cuando decía que amáramos a nuestros enemigos, que
orásemos por los que nos ofenden, porque realmente son esos pájaros que están
aprisionados en sus cáscaras y que tienen que luchar para poder salir adelante.
Y esa lucha les genera un sufrimiento por ignorancia y, por tanto, merecen
compasión, una compasión que en ningún momento nos exime de protegernos ante
sus manifestaciones, porque desde la ignorancia se puede hacer mucho daño, pero
desde la sabiduría se puede aprender a protegerse de ese daño sin hacer daño a
los demás. Y en ese hilo de comunicación, de relaciones entre unos seres y otros,
tenemos la capacidad de ir aprendiendo constantemente, porque todos somos
maestros de las enseñanzas que somos capaces de expresar, y somos alumnos de
las que no sabemos expresar, de las que no sabemos comprender todavía.
Por
tanto, aceptad a todos los hermanos que se crucen en vuestro camino: unos serán
vuestros alumnos, otros vuestros maestros, otros serán compañeros que están en
el mismo curso escolar que vosotros. Y de todos ellos tendréis la posibilidad
de poder aprender, de poder enseñar y de poder participar en la experiencia de
la vida, intentando aprovechar la mejor versión de vuestra realidad en este
momento. Porque no es necesario hacer más de lo que se puede, no es posible
hacerlo, y cada cual, desde sus capacidades, tiene la posibilidad de tomar las
riendas de su destino y transformarse y evolucionar. Pero mientras está
evolucionando, está aportando esa parte de sí a toda la experiencia de su
entorno.
Y
eso es esencial en el proceso de la evolución, porque es necesario el servicio
hacia los demás, la expresión de nuestra sabiduría y de nuestro amor en nuestro
entorno. Porque expresarlo es el único modo de verificar que funciona y de
conseguir los méritos necesarios para poder ir adquiriendo cada vez mayores
niveles de comprensión de la sabiduría y del amor de Dios en nosotros mismos.
Gracias
por los comentarios positivos que podáis aportar al final de este artículo y
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