No juzgar a los demás y diferenciar entre lo bueno y lo malo

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Comunicación recibida el 11/05/2021 (extracto textual de la sesión completa)

 

-       ¿Cómo compaginar el no juzgar a los demás con diferenciar entre lo bueno y lo malo?

 

Cuando observamos un hecho, cada ser evolutivo, ya sea encarnado o desencarnado, a través de su archivo de la conciencia[1] va adquiriendo información progresiva, para saber diferenciar entre lo bueno y lo malo. Lo bueno es todo aquello que está en el camino de Dios, todo aquello que se ajusta a la Ley del Amor[2]. Y la parte de aplicación práctica se denomina sabiduría.

 

Los hechos, las circunstancias, son las que se valoran como “buenas” o como “malas”, como aceptables o inaceptables, de acuerdo a vuestra valoración del bien y del mal, pero eso no incluye nunca asociar esos hechos con las personas. Los hechos y las circunstancias son las que se aproximan o se separan del camino que estáis siguiendo en dirección hacia Dios, pero las personas, cuando las estáis vinculando hacia actos buenos o malos, entonces las estáis juzgando, y debéis entender que este juicio forma parte de vuestra propia ignorancia, porque estáis dando un valor a la persona en base a un instante de su vida, y hay muchísimos otros factores que están vinculados a las personas. Por lo tanto, juzgarlas por un determinado hecho, y asociar eso que han realizado, que haya podido ser bueno o malo de acuerdo a vuestro nivel de sabiduría, pero también de acuerdo a vuestro nivel de ignorancia, lo que os está haciendo es, simplemente, demostrar vuestra soberbia al creeros capaces de juzgar a alguien por un hecho del que no tenéis ni siquiera una pequeña parte de la información completa.

 

Juzgad los hechos, para integrarlos dentro de vuestro proceso de aprendizaje infinito, pero no juzguéis a las personas, porque el que esté libre de pecado, tire la primera piedra[3].

 

Juzgar los hechos es aprender, juzgar a las personas es demostrar la ignorancia y es cavar la propia trampa en la que nos envuelve nuestra mente egoísta, que nos impide avanzar en el camino compasivo de la Ley del Amor.

 

[1] Ver artículo El archivo de la conciencia

[2] Ver artículo La Ley del Amor (PDF)

[3] Evangelio según San Juan 8,7.

 

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